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domingo, 1 de septiembre de 2013
UNA CASA EMBRUJADA
UNA CASA EMBRUJADA
Todo comenzó cuando Alberto, un niño de ojos negros, cabello negro, alegre, amable, juguetón, de muchos amigos, recibió una noticia muy inesperada de su padre Ricardo, un hombre de 56 años, de cabello blanco, jorobado y moreno.
-Ricardo: Alberto nos mudaremos dentro de un mes, así que alista tus cosas muy pronto -Alberto: Pero padre ¿Por qué? ¿Para dónde?
-Ricardo: Hijo mío, nos mudaremos para un pueblo vecino, me salió una muy buena oferta de empleo, no puedo dejar ir, pues estamos en una situación muy crítica.
Alberto, muy enfadado, corrió a su alcoba, llorando, tiró la puerta de rabia e impotencia, pero tuvo que empacar sus cosas. Pasaron semanas y Alberto seguía triste.
El día de su traslado a Alberto no le gustó la casa que su padre había conseguido en el pueblo vecino, pues la casa estaba algo ruidosa, pero estaba lo suficiente mente cuidada para poder sobrevivir en ella. Lo que ellos no sabían es que la casa estaba embrujada, por eso la compraron a muy buen de precio. La casa estaba un poco sucia, con muchas telarañas y con algunos pequeños desperfectos, nada grave, pero era algo que tendrían que solucionar más adelante. Cuando llega la noche, fueron a dormir en su nueva casita, cada uno a su habitación en el piso de arriba.
Mientras dormían la casa crujía fuertemente, enseguida pensaron que era la madera, y que era algo muy normal en una casa tan antigua. De repente, en mitad de la noche alguien golpea en la puerta fuertemente, bajaron y preguntaron
- ¿Quién eres? – dijeron el niño y su padre al mismo tiempo, nadie respondía, decidieron no abrir por el terrible miedo que tenían. Durante horas permaneció ese ruido de alguien pegando a la puerta. Justo cuando estaban ya pensando en llamar a la policía, dejaron de escuchar ese ruido que los aterrorizaba en la puerta, por primera vez en toda la noche podrían descansar tranquilos, aunque no duraría mucho. Una media hora después de terminar los ruidos, unos pasos se oyen en el salón, como si alguien se hubiera colado dentro. Los dos bajaron rápidamente a ver qué ocurría sin pensar en el peligro.
- ¿Qué es eso?
Es lo primero que se pregunta Alberto al ver lo que había en aquella sala. Lo que ambos veían era una especie de sombra, con forma humana que deambulaba por el techo de la sala.
Alberto preguntó con voz temblorosa a la misteriosa sombra -¿Quién eres?
Con una voz muy ronca le contesto -no soy el que golpeó en la puerta y no te puedo decir mi nombre.
Y enseguida desapareció ante el asombro de Alberto y su padre. Asustados fueron de nuevo a sus habitaciones a intentar descansar, aunque no lograrían dormir en toda la noche por el miedo que la sombra les causó.
Pocos días después Alberto jugaba a las escondidas con sus amigos Juan, Pedro, Camilo y Andrés. Al atardecer Alberto Volvió a ver la sombra, pero había algo misterioso, solo la veía él, sus amigos muy asombrados le dijeron –Alberto, no vemos ninguna sombra.
Alberto se quedó muy asombrado, pues ya que nada más él y su padre podían observar la sombra.
Al llegar la noche, Alberto y su padre no podían dormir de tantos ruidos que escuchaban, decidieron salir para ver qué pasaba, y vieron que el cuarto de abajo tenía la luz encendida, escucharon como se aclamaba desesperadamente a Dios, pidiendo repetidas veces perdón...pero no sabían por qué, Alberto se acercó al barandal de la escalera y le dijo a su padre:
- ¡Mira!... estaban bajo nosotros las dos mecedoras que se movían, como si algo o alguien estuviera sentado ahí, meciéndose, no había viento ni nada que las moviera, los dos se miraron asustados y corrieron a la habitación del padre para encerrarse, cuando amaneció ninguno de los dos había podido dormir. Cuando salieron de la habitación había un silencio sepulcral, que hasta daba miedo, estaban tan asustados que decidieron salir de la casa y buscar el auto, al fin de cuentas no caminarían mucho, cuando llegaron al auto, cuál sería la sorpresa, que arrancó a la primera, sin ningún fallo y lograron irse de ese misterioso lugar el cual les causaba miedo.
Llegaron a un restaurante del primer pueblo que encontraron, tenían mucha hambre, un policía que se encontraba sentado cerca preguntó:
- ¿Es de ustedes ese auto que está afuera?
- Sí- le respondieron- ¿Por qué oficial?
- Me pareció haberlo visto en la orilla de la carretera.
_ Ah sí, lo que pasa es que nos quedamos en una casa que está cerca del lugar, ya que nuestro auto se paró y no podíamos arrancarlo.
_ ¿Dónde dicen que se quedaron?
- En una casa que mi padre había comprado cerca de allí.
_-La única casa que está cerca de allí es la de los Señores Sánchez.
- ¿Unos que viven con un joven?
- Dirán, vivían, hace tiempo que murieron los abuelos, al parecer cuentan que el Joven los mató y después se suicidó. Se encontraron los cuerpos de los abuelos sin vida, sentados en sus sillas, el joven estaba colgado en su cuarto.
- No puede ser oficial, tal vez sea otra familia la que usted nos dice, porque nosotros estuvimos en esa casa, ahí estaban los abuelos, el joven y la abuela hasta nos sonrió, el joven nos prestó una habitación.
El oficial les dijo -Pues quién sabe, tal vez esté equivocado, puede ser alguna otra cabaña del lugar que yo no conozca, pero no lo creo, este pueblo es muy chico y vivo aquí desde que nací, y créanme, según yo, la única casa separada del bosque es esa, pero para salir de dudas, ¿por qué no vamos al lugar donde dicen ustedes que se quedaron?
Decidieron llevar al oficial a la casa, tal vez porque querían escuchar de sus palabras que, efectivamente, se había equivocado y ellos se quedarían tranquilos. Pero cuando llegaron al lugar el oficial afirmó que realmente era la casa de los abuelos asesinados y del joven que se había suicidado. Ellos le creyeron porque la casa ya no estaba igual, cuando entraron era una casa totalmente abandonada, sin techo, con telarañas, ahí estaban las dos sillas solas y del techo de la habitación del joven, aun colgaba la cuerda con la que había sido ahorcado.
POR CASILDA MELIDA
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